La pieza del mes de Diciembre´11:La petite Marie

“CUANDO CONOZCA TU ALMA, PINTARÉ TUS OJOS”

por Eva Gayoso Vázquez

La petite Marie, 1918. París, France. Museo de Arte de Basilea, Suiza.

“Marie” me ha compañado durante años en las paredes de mi cuarto.  Hace unos meses la rescaté de aquella habitación, y ahora  figura en  un sitio mucho más presente.

Amedeo Modigliani (Livorno 1884-París 1920), de porte principesco, elegante y bohemio seductor,  pintó  numerosísimos retratos de hombres y mujeres, predominando los de mujeres; también conocido por sus desnudos.

Mantuvo relaciones amorosas con muchas de sus modelos,  ejercía un magnetismo especial sobre las mujeres, las seducía, ya fueran casadas, modelos ó chicas de vida fácil.  Jean Cocteau  decía de él  que era  apuesto y esplendoroso, según Picasso “el único en París que sabe vestir”.  Vestía con chaquetas de terciopelo (con manchas y rozaduras), fulares rojos estilo Garibaldi, sombreros de ala ancha. Él fue el primero en llevar una camisa de cretona, mucho antes de que esa moda se extendiera  por el mundo. Era coqueto. Perteneció a la denominada Escuela de París.  Se codeaba con Pablo Picasso, Jean Cocteau, Maurice Utrillo, Max Jacob,..

Éste retrato fue pintado en 1918 en el sur de Francia, Provence, donde viajó con su mujer un par de años antes de su muerte; su salud estaba ya muy deteriorada y esto suponía un cambio de aires.  Aquí se dedicó a pintar a gente trabajadora, lugareños; sentía un gran interés por la gente.  Predominan los colores cálidos, rosáceos, anaranjados y marrones, las líneas  sensuales y delicadas. Cuello alargado, cara ovalada y ojos almendrados, son rasgos que definen sus retratos.

La escultura lo marcó para siempre, hasta los ojos son escultóricos, sólo una sombra en lugar de las pupilas.

En el retrato, probablemente pintado al mismo tiempo que le daba unos tragos a un vaso de vino, se refleja la juventud y vitalidad de ésta niña, casi entrada en la pubertad. Contorneada con un solo trazo armónico,  algo característico en todos sus personajes. Veo también cierta madurez y sobriedad, quizá por el color de la ropa y  definitivamente por sus  ojos de mirada nada ingenua; su ropa y su mirada contrastan  con el colorido y luminosidad de su cara, como recién maquillada, labios rojos y rubor en las mejillas.  Me llama la atención también el marrón “fuego” del fondo y el brillo del lazo, seguro de raso blanco.

Podría ser que acabara de llegar de la calle, en un día de invierno, con la nariz todavía roja por el frío…. Lleva bufanda alrededor del cuello.  Por el color que se observa entre el jersey y la bufanda, parece que lleva un tul o gasa negra.  Modigliani terminaba sus cuadros con una rapidez que le caracterizaba. Nunca los retocaba  y los que posaban para él decían que era como si hubiesen desnudado sus almas.   Borraba los fondos, los objetos accesorios, cualquier cosa que distrajera al espectador del rostro del personaje.  En este caso, el fondo no es liso sino rallado y de un color brillante, lo que  no me distrae de Marìe sino que le da aún más fuerza.  En general, el colorido utilizado en este cuadro es más vibrante que el de sus anteriores obras.

Por último, me gustaría destacar una curiosidad de este retrato, la diferencia entre ambos ojos.  Si tapamos uno primero y el otro después vemos dos expresiones claramente diferentes.

La parte de la derecha, me habla de una Marìe atormentada…

Los cuadros de Modigliani no son objetivos, representan la mirada casi siempre melancólica y triste que el artista tenía sobre la vida. Son retratos del alma, de su alma al desnudo.  Le interesaban los retratos, no los paisajes urbanos ni los campestres,  sino los paisajes del alma.

En principio influido por Toulouse Lautrec, encuentra inspiración en Cèzanne, el Cubismo y la Época Azul de Picasso.

Otro encuentro importante fue con el arte negro, colecciones de esculturas africanas que circulaban por París.

Pero siempre estuvo al margen de las corrientes artísticas de su tiempo, Modigliani fue por esto un poco marginado del resto y se le atribuyó la fama de “maldito”. El querer vivir de su arte cuando nadie se interesaba  por su obra lo condenaba a la miseria;   gran seguidor de la vida de los cafés en los bulevares  y de la vanguardia intelectual.

Viendo su obra, me resulta difícil creer que su vida estuvo marcada por la pobreza, la enfermedad, el  alcohol y los estupefacientes….. porque sus obras no lo transmiten;  no hablan de hambre, ni de frío  o  soledad, ni de tabaco ó  de  hachís, ni de sus noches etílicas, o de  suicidios…  Lo que transmiten es una belleza y una emoción exquisitas.

Modigliani triunfó en el arte y en el amor;  realmente fueron solo siete años, siete intensos y borrascosos años  de creación plástica para formar parte de la galería de los maestros del siglo XX.

Me sumo a la lista de todas esas mujeres a las que ha conquistado.

Eva Gayoso Vázquez

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Licenciada en Historia del Arte
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