La Pieza del mes de Enero´12: De cómo el Discóbolo giro la cabeza

por Ana Belén Martín Flores

Recientemente he tenido la oportunidad de acudir a una conferencia, en el Instituto del Patrimonio Cultural Español, sobre “Réplicas romanas de originales griegos” cuyo ponente fue el profesor Miguel Ángel Elvira Barba.

Escucharle fue como viajar al pasado y no porque hubiese sido profesor mío, que no lo fue, sino porque es un profesor de los de antes, de prosa impecable, elegante oratoria y buen tono de voz, de los que no necesitan notas para seguir un discurso, ya que después de tantos años dando clase no las necesita para nada. Pero lo más peculiar es que traía consigo su carro de diapositivas. Este hecho, tan extraño hoy en día en que estamos acostumbrados a escuchar exposiciones acompañadas de Power Points, me retrotrajo a los años en los que fui alumna de Historia del Arte. A las clases en penumbra, a las exposiciones con dispositivas quemadas y al sonido que el proyector hacía al pasar de unas a otras.

De esta manera este estupendo profesor nos contó muchas historias pero la que os quiero relatar hoy es De cómo el Discóbolo de Mirón giró su cabeza.

Pero antes creo a bien mostrar que representa el Discóbolo de Mirón.

Cómo bien se sabe, el Discóbolo era una escultura de bronce que fue colocada hacia el 455 a.C en una calle de Atenas. Medía aproximadamente 1,66 cm. y representaba a un atleta en el momento de lanzar un disco, lo cual era una de las pruebas del Pentatlón que incluía también lanzamiento de jabalina, lucha, salto de longitud y carrera de velocidad.

En ese momento en Atenas el hombre griego descubre su yo, la individualidad es valorada junto con la razón y la belleza que para los griegos es la armoniosa unión de las partes. Así pues, no representa a un dios, ni un dirigente, sino a un atleta cuyo cuerpo se muestra desarrollado armoniosamente debido a la práctica del deporte. Los atletas en la cultura griega simbolizan el ideal de la perfección humana, ya que como bien es sabido los griegos creían que la perfección del cuerpo era directamente proporcional a la perfección del espíritu.

Pero el arte griego es más que todo eso, es una continua carrera hacia la conquista del realismo y eso se muestra en el Discóbolo. Mirón da un paso más allá con su escultura, representa el movimiento, pero curiosamente vincula esta figura con las estáticas esculturas de tradición egipcia. Si nos fijamos bien vemos que se trata de una escultura de bulto redondo, es decir, puede ser vista desde todos los ángulos, pero realmente fue realizada para ser observada de frente y su disposición en zig-zag, con el torso dirigido hacia adelante y los brazos y las piernas hacia los lados, muestran ese vínculo egipcio mencionado antes, el cual rompe a través de la representación del movimiento y del riguroso estudio de la anatomía humana.

La tensión de los músculos, la torsión del cuerpo que va a realizar el lanzamiento, todo está contraído. Todo está en movimiento. ¿Todo? No.

El rostro se mantiene sereno. De esta manera Mirón introduce en su Discóbolo la perfección del espíritu, el pensamiento griego de que sólo la razón va unida a una acción impecable.

Así es como el arte griego clásico y, en este caso, Mirón representan ese ideal filosófico que une la perfección de la acción a la perfección del pensamiento.

Para los romanos las obras griegas fueron muy valoradas de ahí que las copiaran de manera casi obsesiva y gracias a esta admiración por lo heleno hoy podemos conocer en gran medida la historia del arte griego.

Uno de los mayores y más conocidos coleccionistas de arte de la antigüedad fue el emperador romano Adriano, el cual para decorar su villa de “retiro” a las afueras de Roma dio rienda a la pasión que sentía por las obras de arte tanto egipcias como griegas. Y es en esta Villa donde en el siglo XVIII se encontraron varias copias del Discóbolo.

De su existencia se sabía gracias a las fuentes latinas sobre la propia escultura. Luciano de Samosata en el siglo II d.C. escribió: “[…] encorvado en la postura de quien se prepara a lanzar, vuelto hacia la mano que sostiene el disco y doblando un poco la otra rodilla, como dispuesto a levantarse y lanzar“. También el retórico hispanorromano Marco Fabio Quintiliano hace referencia a la escultura, esta vez de manera desdeñosa ¿Puede haber algo más artificial y contorsionado que el Discóbolo de Mirón?

Cuando en 1790 una copia romana de un lanzador de disco fue encontrada en la susodicha Villa Adriana de Tívoli no hubo dudas. Se trataba del Discóbolo realizado por Mirón.

Esta escultura fue comprada por un marchante británico Thomas Jenkins, el cual se puso en contacto con uno de sus compradores en Inglaterra, el aristócrata Charles Townley, coleccionista y amante de las antigüedades, al cual le comunicó que se había encontrado el cuerpo del lanzador del disco que mencionaba Luciano y que había una cabeza al lado que encajaba “a la perfección” con ese cuerpo. A lo que Townley debió responder:

– Muy bien. Coja usted el cuerpo y póngale la cabeza. Cuando esté restaurada tráigamela aquí.

Y así se hizo, el escultor Carlo Albacini, principal restaurador de Jenkins, se ocupo de poner la cabeza sobre la escultura, pero la cabeza no era la que correspondía con el cuerpo, aunque si era de la misma época y estilo, por lo que no encajaba tan estupendamente como Jenkins afirmaba. Aún así, Albacini se las apañó para encajar la cabeza en el cuerpo de forma impecable. De esta manera llegó esta copia del bronce de Mirón a Inglaterra que Townley compró por 400 libras.

Este caballero era uno de los principales mecenas del British Museum y tras su muerte la copia y los mármoles Townley pasaron a engrosar las colecciones de este museo, previo pago de 20.000 libras a la familia Townley, por supuesto. El dinero fue concedido por el Parlamento a los fideicomisarios del British Museum para pagar la adquisición.

En Roma el Vaticano tenía una copia de esta famosa escultura que también había sido encontrada en la Villa de Adriano, pero su Discóbolo no tenía cabeza. Al tener noticias el Papa del Discóbolo Townley mando a un escultor a Inglaterra para que le hiciera un dibujo a la cabeza de la copia de Londres y luego la reprodujera para colocarla en su Discóbolo. Así es como el artista se fue a Londres copió la cabeza, la reprodujo y la colocó sobre el Discóbolo Vaticano para satisfacción del pontífice.

Pero el destino quiso que se descubrieran otras representaciones del Discóbolo, éstas con diferencias evidentes en relación a las copias británica y vaticana.

En un relieve de mármol que representa a varios niños jugando, uno de ellos lanzaba un disco en una postura similar a la de los mencionados Discóbolos pero su cabeza mirabahacia arriba, hacia el disco.

En la representación de un lanzador de disco en una gema tallada que se encuentra también en el Museo Británico, la cabeza de éste también miraba hacia arriba.

Y en una pequeñísima escultura griega de bronce de un Discóbolo éste mira hacia el disco. Es bien sabido que cuando se encuentra una escultura griega en bronce es un original. Así que ya no hubo duda, la cabeza del Discóbolo de Mirón miraba hacia otro lado. La restauración de Albacini que hizo al Discóbolo Townley fue errónea.

Pero la prueba irrefutable de que el Discóbolo Townley y el del Vaticano miran hacia el lado incorrecto fue el llamado Discóbolo Lancelotti.

El 14 de marzo de 1781 Giovan Battista Visconti, Ennio Quirino Visconti y el arqueólogo Carlo Fea habían descubierto en la Villa Palombara, en la colina del Esquilino de Roma, una representación íntegra del Discóbolo en mármol cuya cabeza miraba hacia adelante. La copia fue restaurada por Giuseppe Angelini y fue instalada primero en el Palazzo Massimo alle Colonne y luego en el Palazzo Lancelloti, de ahí su nombre. Hoy esa escultura que se encuentra en el Museo Nazionale de Roma es considerada la única copia con la posición de la cabeza correcta.

Otras copias se han encontrado del Discóbolo, pero éstas nos han llegado sin cabeza. La peculiarmente conocida como El Gladiador Herido, en la que el escultor francés Pierre-Etienne Monnot, en el siglo XVIII se valió de un torso romano de mármol, copia del Discóbolo, para realizar dicha escultura. Hoy es conocida como Discóbolo Capitolini por el museo romano donde está expuesto. O el Discobolo Castelporziano llamado así por la localidad donde fue encontrado el torso de otra copia del Discóbolo del siglo II d.C. O la moderna copia en bronce que podemos encontrar en el Jardín Botánico de Copenhague.

Para finalizar me gustaría recordar que también en Madrid existe una copia moderna del Discóbolo que podemos encontrar en el Museo Nacional de Reproducciones Artísticas, sin embargo, la escultura que sirvió de modelo para hacer la copia en yeso fue la que miraba al lado erróneo.

Y esta ha sido toda la historia. Como veis no tenía mucho misterio pero espero que la hayáis disfrutado tanto como la disfruté yo contada de labios de un gran profesor.

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Acerca de vicolopez

Licenciada en Historia del Arte
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